sábado, 19 de septiembre de 2009

Jugo verde

Después de los 30, el cuerpo ya no es el mismo, opinan algunos expertos. Sobre todo, hay que tener especial cuidado con aquello que comemos. En la eterna lucha contra la obesidad y la “terrible imagen” el jugo verde se vuelve un eficaz aliado por su alto contenido en fibra...

Cierto día, una mujer, iniciada en la década del existencialismo, obsesionada con el ejercicio físico y en el afán de aparentar menos años para encontrar un "buen hombre" con quien compartir sus días, recurrió también al afamado jugo verde: piña, apio, nopal, espinacas, agua y miel.

Hacía tiempo que no leía el periódico, ni se enteraba de las últimas noticias locales y nacionales por la televisión, con tantas balaceras y ajustes de cuentas en los últimos años, optó por eludir el tema y creer que ese mundo de violencia solo existía en los medios masivos de comunicación, con la finalidad de mantener atemorizada a la población y elevar sus ganancias con sus impactantes fotos y notas rojas en primera plana.

Pero, ese día, llegó al mercado más cercano y adquirió los ingredientes necesarios, pasó indiferente por el puesto de revistas antes de abordar el urbano a ritmo de reggaeton. Llegó a su casa y entusiasmada, se dispuso a preparar sus vegetales para obtener la fórmula mágica de la eterna juventud: el jugo verde.

Tocó el turno a las espinacas, tan recomendadas a los niños para crecer fuertes como Popeye y a los enfermos de cáncer para combatir este mal. Desató la envoltura de periódico y al tomar el gran manojo de espinacas, miró sin proponérselo una imagen:
un adolescente tirado en el suelo, con algo que parecía un billete en una de sus manos, se hizo la occisa, lavó, picó y desinfectó todos los ingredientes. No pudo evitar la curiosidad o el morbo, tomó otra vez esa página de periódico y leyó el pie de foto: Un joven asaltante, asaltó a otro hombre con una pistola de juguete y lo despojó de 40 pesos, dos billetes de a 20, el asaltado en cambio, portaba un arma de verdad y con ella le disparó antes de que el asaltante huyera.

Meditó un poco sobre su frívola vida durante los 15 minutos necesarios para que actuara el desinfectante, colocó todo lo necesario en el vaso de la licuadora agregando un poco de hielo, tomó un vaso grande de vidrio decorado con la imagen y oración de una virgen morena, lo llenó completamente, volvió a mirar la imagen del adolescente tirado en el suelo con 40 pesos en una de sus manos.

¡Bendito país de mierda! pensó en voz alta, tiró el periódico en el cesto de basura y bebió con profunda fe, su magnífico jugo verde.

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